lunes, 27 de febrero de 2012

Dura, dura: Media Maratón Latina (de corazón, te lo digo)

No, no se trataba de una carrera para latinos de corazón, aunque hubiera unos cuantos. Y no, tampoco era por el barrio céntrico de la Latina. Es la Media Maratón de Latina, distrito Latina. Media, medio, la maratón, el maratón... Por lo visto lo correcto es el Maratón y por tanto el Medio Maratón, pero a mi me gusta más la Maratón, en femenino porque para mí es una metáfora de las mujeres, las amas, las idolatras, son un reto constante de superación pero a la vez ¡cómo te hacen sufrir! La Maratón es una mala mujer y la Media Maratón una mujer no tan mala. Después de esto muchas dirán que los hombres somos como una carrera de 100 metros, simple, tonta, solo fuerza sin táctica posible y sin ni siquiera una sola curva: acepto la comparativa.
Con este preludio aclarativo relataré mi mañana. Salí de la casa con la camiseta puesta y dando un salto mortal, bueno no, unos pasitos casi mortales porque nada más salir metí el pie en unos de los bonitos bollos de mi maravillosamente pavimentado barrio de Lucero (quien sea del barrio sabe a qué me refiero). Desde mi casa hasta el principio de la carrera, al lado del Carrefour de Aluche, hay unos tres kilómetros que hice calentando. Pasando al lado de algún joven borracho que aún quería prolongar la fiesta hasta la siesta y haciéndome burla (cada uno a lo suyo, el no podía correr ni doce metros, yo no podría meterme doce cubatas), una recién pareja trasnochada que termina despidiéndose con beso etílico y demás fauna nocturna que volvía a casa antes del amanecer sin casi toparse con la otra fauna atlética que empezaba a llenar las calles del barrio de Aluche.
Recorrido estudiado y muchos tramos conocidos. Es dura y lo sé. Sin grandres pretensiones, hace más de un año que no corro un/a medio/a maratón y me vale con menos de una 1 hora y 28 minutos, sé que puedo hacer algo menos pero mi objetivo de pulverizar marca será en Aranjuez, dentro de un mes. Salgo con ganas pero intento que con tranquilidad. Al final quieras o no estás en una carrera y la verdad es que me lo puedo tomar con menos tensión pero nunca con tranquilidad. Primeros kilómetros favorables y buen ritmo, intento sujetarme, no pasarme de ritmo. Encaramos primeros repechitos y bajadas profundas por Concejal Francisco José Jiménez Martín (mi calle, y si es posible que alguien me diga quién fue este hombre con un nombre tan largo que es tan problemático como nombre de calle). Allí, a la puerta de mi casa que no es mía, estaba mi chica para hacer un video de mi paso, saludo y sonrío, ella también. Ahora todo es fácil, bajada donde te dejas llevar pero te va cargando los gemelos y sóleos. Un compañero se me acerca en el kilómetro 7: "No queda nada, ¿verdad?". Bueno llevamos un tercio: "multiplica por tres y esté hecho, pero dentro de un rato empieza lo duro: el rockandroll".
A mi esto de bajar y subir se me da bien, me embalo en las bajadas y me crezco en las subidas. Cerca de entrar en Casa de Campo duro repecho y consiguiente profunda bajada y voy adelantando a corredores poquito a poco. Dentro de Casa de Campo más subidas y bajadas y empiezo a notar que las piernas van cargadas. A mi vista un antiguo conocido, corredor habitual de Casa de Campo y que nunca me saluda aunque le haga el ademan, él siempre a lo suyo. Una vez nos picamos en los toboganes del muro que da a Pozuelo, son mi fuerte y se lo hice saber en aquella ocasión. Lo alcancé un poco antes del kilómetro 15 y se me pegó, yo también bajé un pelín el ritmo pensé que los dos podíamos dejar nuestras rencillas de lado (él seguro que ni se acuerda de mí) y echarnos una mano mutua. En el avituallamiento del 15 cogí una botella de agua, bebí un poco y le ofrecí: no quiso pero le ví la cara y no era de buenas sensaciones (viejo truco utilizado por los ciclistas). Fuimos un rato juntos, en alguna subida me dio relevo pero en la cuesta para iniciar salida de Casa de Campo se quedó atrás y ya lo dejé, mi ritmo era mejor, pero me hubiera gustado que aguantara un poco más y jugárnosla en el kilómetro final con sana rivalidad. Las piernas ya me pesaban pero sabía que no quedaba mucho. Una última subida para salir de Casa de Campo, dura, conocida y con pasitos cortos sigo adelantando a más corredores. Al final de la cuesta ánimos y uno especial de alguien de la organización: "muy bien, chavalote". Cuando estás en un duro esfuerzo se agradece mucho, de veras. Más bajada, Valmojado eterno y en el 20 unos amigos me animan, solo queda un kilómetro y tengo que apretar dientes y subir de velocidad, pero vaya, los músculos están muy duros, pesados, parece que no puedo levantar los pies del suelo, ¿quién me ha puesto plomo en los tobillos? Una entrada de cross para encarar la curva de la pista y recta final en la pista de Aluche, donde tantas series de 400 y 800 he entrenado. Gente en la tribuna, animación y haciendo aspavientos con mis brazos pido aplausos, jaleos, ánimos, gritos, la gente responde y me dan su calor. Entrada final y algo menos de 1 hora 27 minutos. Reconocimiento mutuo y estrechamiento de manos con un corredor que adelanté en el último kilómetro. Espero a mi archirrival pero a su entrada una televisión le hizo una entrevista asi que marché a quitarme el chip. Aquello parecía un campo de combate después de la batalla, corredores abatidos y doloridos, eso daba cuenta de lo dura de esta carrera. Una fina lluvia absurda y reencuentro con mis amigos. Vuelta a casa en el cercanías y fría y reconfortante ducha sobre mis piernas doloridas.

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